Sahara Occidental: la guerra en las sombras

 


 


La muerte de Lahbib Mohamed Abdelaziz, alto jefe militar saharaui y también un importante dirigente político del Frente Polisario, hizo que saltara a la luz en diversos medios internacionales, la existencia del conflicto saharaui. Una cuestión que ha sido silenciada en clara complicidad con la potencia ocupante, Marruecos.  Estados Unidos venía “oficiando” de mediador, pero carente de imparcialidad, en atención que busca legitimar la ocupación marroquí, como única salida a la crisis, desconociendo los derechos del pueblo saharaui a decidir sobre su propio destino.

 

Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro[1]

 

El 7 de junio de 2026, en un ataque con drones marroquíes, perdieron la vida Lahbib Mohamed Abdelaziz, jefe militar saharaui e hijo del histórico líder del Frente Polisario, Mohamed Abdelaziz, junto a dos combatientes del ejército saharaui que estaban en un vehículo todo terreno en las zonas liberadas del Sahara Occidental. El gobierno de la República Saharaui decretó tres días de luto. El asesoramiento israelí, sin ninguna duda impacta en las tácticas y doctrina militar marroquí, apostando al asesinato selectivo de líderes políticos del Frente Polisario, con el objetivo de erosionar dicho movimiento y disuadir al gobierno saharaui de continuar con las operaciones militares a lo largo de los muros defensivos construidos por Rabat en los años 80 y realizar una demostración de las capacidades de inteligencia marroquí que permiten llevar este tipo de acciones.

 

Estados Unidos estuvo llevando a cabo de manera discreta, el papel de mediador, pero con el claro objetivo de imponer un verdadero diktat a los saharauis, de aceptar la solución marroquí, legitimando la ocupación y presionar a los dirigentes del Frente Polisario que renunciaran al referéndum de autodeterminación previsto por el Plan de Arreglo de 1991. La explicación de este apoyo, se debe a un contexto geopolítico, donde Marruecos, se transformó en pieza clave, ante la creciente influencia de China y en menor medida de Rusia en África. Las potencias occidentales han ido perdiendo influencia, en un marco de revisionismo histórico por parte de los políticos africanos. Los golpes de estado en Malí, Níger y Burkina Faso, aceleraron este proceso, con la salida de fuerzas de la Unión Europea y Estados Unidos, con fuerte respaldo popular a dichas medidas. Esta pérdida de influencia, sin ninguna duda fue un llamado de atención para Washington.  La creciente competencia por el control de recursos críticos y estratégicos, colocan al Sahara Occidental como pieza clave en el tablero geopolítico del Magreb. Se estima que en tierras saharauis alojan el 10% de las reservas mundiales de telurio y cobalto, además del valor de las minas de fosfato de Bu Craa, en manos marroquíes, permite a Rabat sea el principal exportador global de este mineral, de vital importancia para la industria de fertilizantes, donde poderosas corporaciones de Europa y Estados Unidos tienen fuertes intereses. A ello se agrega el potencial en materia de minería en los espacios marítimos que le corresponden a los saharauis, también detentado por Marruecos.

 

 Lehbib Mohamed Abdelaziz. Muerto en combate en junio de 2026. 

En este drama no olvidemos a Francia, aliado de Rabat, gracias a su rol de miembro permanente del Consejo de Seguridad, vetó sistemáticamente resoluciones que facultaban a la misión de paz de Naciones Unidas en el Sahara Occidental – MINURSO – en materia de derechos humanos. El papel de París, se refuerza, ante la retirada de la mayor parte de la denominada Françafrique, convirtiendo a Marruecos en una pieza clave para los intereses galos en África.

 

Marruecos punta de lanza de intereses de Estados Unidos en África y el papel de Israel.

Rabat es una pieza clave en la estrategia de Washington en África.  Hábilmente la diplomacia marroquí logró que Estados Unidos considere a Marruecos en un socio estratégico, situación que puede transformarse en un serio problema para la seguridad de España. La postura del presidente español, Pedro Sánchez, en relación a la crisis de Gaza, permitió a los marroquíes desplegar un importante lobby a favor de su tesis anexionista no solo sobre el Sahara Occidental, sino sobre las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, logrando el apoyo de ciertos legisladores republicanos en el Congreso estadounidense. Trump con su “diplomacia transaccional” logró de Rabat su adhesión a los Acuerdos de Abraham de normalización de relaciones con Israel y la firma en febrero de 2024 de 4 de febrero de 2026, Marruecos y Estados Unidos de un memorando de entendimiento sobre cooperación e inversión en la exploración y extracción de minerales críticos. El acuerdo, según trascendió en medios de prensa busca fortalecer las cadenas de suministro de minerales considerados esenciales para la transición energética, las tecnologías de defensa y la manufactura avanzada. La “propina” por estos favores, el apoyo de Washington a legitimar la ocupación marroquí del Sahara Occidental y presionar al Frente Polisario como al gobierno argelino aceptar esta imposición. El acuerdo no solo afecta a los saharauis, sino a España, en atención que el Memorándum hace referencia explícita a los recursos minerales marinos, incluidos los yacimientos del lecho marino a lo largo de la costa atlántica de Marruecos. Estos espacios marítimos se superponen con un área que corresponde a España, así como las aguas frente a las costas del Sahara Occidental, territorio no autónomo para Naciones Unidas y cuya ocupación ha sido declarada ilegal por parte de dicho organismo, agregándose que ningún estado reconoce los derechos marroquíes sobre tierras saharauis.

La estrategia marroquí, con una visión de largo plazo, tuvo sus frutos, especialmente en el campo militar, con el acceso a material moderno por parte de Estados Unidos y de Israel. Este último actor, tiene intereses crecientes en el Magreb. Ello queda manifestado en la construcción de una planta industrial para producir vehículos aéreos no tripulados de uso militar, acuerdos para el suministro de satélites de observación militar, transferencia de tecnología militar en el sector aeroespacial. La cooperación en materia de defensa, también se traslada al ámbito de la ciberseguridad y posiblemente a la inteligencia, permitiendo tener en Marruecos, una base para el monitoreo de África por parte de Israel (la creciente influencia de estados árabes, como de Turquía y en menor medida de Irán, son objeto de atención para la seguridad de Tel Aviv).  Los intereses israelíes ven a Marruecos como plataforma para la proyección del comercio e inversiones en Europa y África Occidental, donde juega un rol importante el complejo portuario de Tánger Med. La necesidad marroquí de mejorar la gestión del agua para uso humano y la agricultura, abre un nicho de mercado para empresas israelíes que tienen un alto desarrollo en dicho campo. También el campo de las energías renovables Marruecos es considerado un importante mercado para Israel, como el sector petrolero, donde las empresas NewMed Energy (israelí) y Adarco (marroquí) llevan a cabo de manera conjunta una campaña de exploración tanto en aguas marroquíes como saharauis.  Cabe señalar que la opinión pública marroquí no ve con buenos ojos el acercamiento con Tel Aviv, generando protestas, en atención que gran parte de los marroquíes se muestran solidarios con la causa palestina, reprimidas rápidamente por el régimen de Rabat.

 


La presencia rusa en Malí y su influencia en Níger, Chad y Burkina Faso, es objeto de atención por parte de Estados Unidos.  El Kremlin reemplazó al grupo mercenario Wagner por el Cuerpo África, con el claro objeto de acceder a recursos minerales. Marruecos afín a los intereses occidentales, impulsa el puerto de la ciudad ocupada de Dajla como salida al mar para los países del Sahel, transformándolo en un gran polo de atracción geopolítica, buscando no solo proyectarse en la región, sino como una herramienta para buscar la influencia china y rusa, además de contrarrestar la tradicional presencia argelina en la región. Malí se vio “seducido” por el juego marroquí. Su endeble régimen militar, apoyó el proyecto de autonomía como solución al conflicto saharaui, ignorando que la República Saharaui no solo fue reconocida por Bamako hace décadas, sino que forma parte de la Unión Africana. Una hábil política de soft power de Rabat, ha buscado incrementar la influencia geopolítica marroquí, como también aislar a la República Saharaui.  Dicha estrategia fue llevada al seno de la Unión Africana, impulsando divisiones en el seno de dicha organización internacional con el claro objeto de eliminar la representación saharaui y legitimar la ocupación marroquí del Sahara Occidental. Es altamente probable que este tipo de acciones es funcional a intereses que no ven con buenos ojos el fortalecimiento de la Unión Africana como un foro regional con una postura unificada y revisionista frente al orden internacional que busca imponer ciertos actores occidentales.

 


La guerra en las sombras.

El incidente de Guerguerat, ocurrido en 2020, significó el reinicio de las operaciones militares en el Sahara Occidental. El proceso de paz iniciado en 1991, con el Plan de Arreglo estaba completamente paralizado gracias a la colusión entre Estados Unidos, Francia y España. En este último caso, desde el punto de vista de las Naciones Unidas, es la potencia administradora de iure, pero ha optado por una política apaciguamiento hacia Marruecos, que en el largo plazo acarreará serios problemas.

 


El conflicto saharaui, desde el punto de vista marroquí - es considerado una causa nacional-  esto le permitió a la monarquía alauí tener centralidad en la política, acallar voces discordantes y contar con una válvula de escape ante la opinión pública, ante crisis internas. El expolio de los recursos del Sahara Occidental, beneficia a intereses externos a Marruecos, permite financiar un enorme gasto militar, mantener latente una suerte de guerra fría con Argelia, movilizando a la opinión pública ante conflictos externos reales o fabricados. Ello permite “barrer bajo la alfombra” problemas relativos al subdesarrollo, pobreza, corrupción, desempleo juvenil, que impulsa a millares a emigrar especialmente hacia Europa o el Golfo Pérsico en busca de mejores oportunidades.  

La estrategia marroquí ha sido de negar la existencia de una crisis militar en el Sahara Occidental y redoblar los esfuerzos para legitimar la ocupación, con anuencia de los países occidentales. Rabat emplea con suma habilidad, los problemas de la emigración y el narcotráfico, transformándolos en herramientas de presión, afín a sus intereses frente a la Unión Europea y especialmente España. Esto permitió de alguna manera a contribuir al “negacionismo” sobre los choques armados en el Sahara Occidental y llegado el caso, busca presentarlos como parte de la guerra en las sombras que libra con Argelia.  Marruecos siempre buscó mostrar al Frente Polisario como una invención argelina, negando entidad a los saharauis como pueblo. En los últimos años, la apuesta marroquí es obtener la declaración que dicho movimiento de liberación nacional sea considerado grupo terrorista y afirmar que recibe apoyo de Teherán. John Bolton, ex diplomático y ex asesor de seguridad nacional durante la presidencia de George Bush Jr., negó rotundamente esta realidad como lo señaló en un entrevista (ver entrevista de Koldo Salazar a Bolton en el sitio Otra Lectura: https://otralectura.com/2025/06/28/no-vi-ninguna-senal-de-marxismo-yihadismo-o-iranies-en-el-sahara-occidental/).

 


El Frente Polisario es un movimiento de liberación nacional, más allá de la narrativa marroquí y los intentos de designarlo como entidad terrorista. Naciones Unidas reconoció el estatus de la citada entidad, en atención que cumple con sus elementos para ser considerado de tal manera, dado que estamos ante una expresión organizada de la población saharaui, que vive sujeta a dominación colonial y que exige el respeto al derecho de autodeterminación. Por otra parte, el derecho reconoce a los movimientos de liberación a luchar contra la dominación colonial, como lo recepta la Resolución AG 2625 (XXV), de 24 de octubre de 1970. En cuanto al uso de la fuerza por parte de la potencia colonial para prolongar su control, está en abierta colisión en los términos del artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas.  Diversas resoluciones de Naciones Unidas han sido claras al respecto, tales como la Resolución 1514 (XV), de 14 de diciembre de 1960, intimó a los Estados a cesar toda acción armada o toda medida represiva de cualquier índole dirigida contra ellos, planteo reiterado en las las Resoluciones 2131 (XX), de 21 de diciembre de 1965, y 2160 (XXI), de 30 de noviembre de 1966, y fortalecido por la Resolución 2625 (XXV), de 24 de octubre de 1970, que declaró que: Todo Estado tiene el deber de abstenerse de recurrir a cualquier medida de fuerza que prive a los pueblos antes aludidos en la formulación del presente principio de su derecho a la libre determinación y a la libertad y a la independencia.  La resolución 2625 (XXV), fue contundente en lo referente al apoyo por parte de los estados parte a los movimientos de liberación: En los actos que se realicen y en la resistencia que opongan contra esas medidas de fuerza con el fin de ejercer su derecho a la libre determinación, tales pueblos podrán pedir y recibir apoyo de conformidad con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas. Por ende, brindar asistencia a los representantes del Frente Polisario para hacer conocer su causa por parte de cualquier gobierno, dista del apoyo a un grupo armado ilegal o subversivo, sino más bien todo lo contrario, se vincula con el respeto del derecho internacional.  Surge a todas luces que existen argumentos de sobra que el Frente Polisario, es un movimiento de liberación y por ende sujeto del derecho internacional.

En 1971, la Corte Internacional de Justicia, sobre la cuestión de Namibia – entonces África del Sudoeste ocupada por Sudáfrica – sostuvo lo señalado por la resolución 276 del Consejo de Seguridad, donde los estados partes debían abstenerse de asistir a Pretoria para prolongar su presencia en Namibia.  Aplicándolo al caso saharaui, los estados que de alguna manera apoyan la tesis anexionista marroquí sobre el Sahara Occidental, con responsables de un acto ilegal, además de legitimar los abusos de la potencia ocupante sobre la población saharaui.

En el plano militar las fuerzas saharauis se limitan a incursiones ante los muros defensivos marroquíes, librando acciones de pequeña escala, midiendo la escalada, como el caso de Smara, en mayo de 2026, cuando se desarrollaban los ejercicios liderados por Estados Unidos, Africa Lion. La activación de las operaciones militares por parte de la República Saharaui, reabrieron la instancia de negociaciones, dándole cierta visibilidad al conflicto. Desde el punto de vista interno, la movilización militar, sin ninguna duda impactó de lleno en la sociedad saharaui a favor de la causa de la unidad nacional. 

 

El ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita (derecha), estrecha la mano del ministro de Defensa de Israel, Benny Gantz (izquierda), en la capital, Rabat, el 24 de noviembre de 2021

La respuesta marroquí a este escenario de guerra de baja intensidad, ha sido el empleo de drones, tanto contra objetivos militares como civiles. En áreas desérticas, de escasa vegetación, no existe la excusa para utilizar el argumento del daño colateral, cuando un dron acababa matando civiles en vehículo claramente que no era empleado con fines militares.  En informe de SMACO (Sahrawi Mine Action Coordination Office) señala que los ataques se produjeron en zonas situadas a decenas de kilómetros del muro marroquí. Esto significa que las víctimas no representaban ninguna amenaza para las fuerzas marroquíes, ya que el objetivo civil más cercano al muro bombardeado es un yacimiento de exploración de oro en la zona de Gleibat El-Fula. El yacimiento se encuentra en medio de tierras desérticas, a unos 18 km del muro marroquí. Los puntos más alejados atacados se ubican en dos zonas fronterizas: Ain Bentili al norte (86 km) y Ahfir al sur (100 km). Esto demuestra que las víctimas no representaban ninguna amenaza para las fuerzas marroquíes. (ver: https://smaco-ws.com/2024/05/31/drone-strikes-smaco-annual-report-2024/).  En 2021, según la misma fuente, nos señala que fueron muertos ciudadanos de Mauritania y Argelia en el marco de la táctica de golpear tanto objetivos militares como civiles, con el objeto de disuadir la presencia saharaui en las zonas liberadas, para convertirlo en una zona de amortiguación y posiblemente para un potencial asalto y ocupación de las áreas controladas por la República Saharaui. Volviendo al informe de SMACO, este nos dice: La gravedad de las actividades y los objetivos varía ligeramente según el análisis de los objetivos específicos, a menudo mortales, a lo largo de los años y las estaciones. Según los datos disponibles de la muestra procesada de los últimos tres años, las actividades más riesgosas son los viajes en diferentes lugares y rutas del Sáhara Occidental, que representan el 58,4 % del total de víctimas. Los mineros de oro constituyen el 36,3 % del total de víctimas, con ataques que se producen directamente en los yacimientos y durante los desplazamientos hacia o desde dichos lugares. El 5,3 % restante corresponde a ataques relacionados con otras actividades, como el pastoreo de animales o la infraestructura civil.   El ataque contra objetivos civiles como las acciones de castigo colectivo, están prohibidos por el régimen del Derecho Internacional Humanitario y constituyen crímenes de guerra.

 


En esta guerra en las sombras, silenciada por Occidente, Marruecos utiliza drones turcos Bayraktar TB2, emplean diversos tipos de municiones guiadas, entre ellos ojivas de fragmentación termobáricas o de carga hueca en tándem. Los drones de ataque chinos Wing Loong II, también emplean dichos tipos de sistemas de armas. Estos fueron empleados contra buscadores de oro de la región de Tagzumalt en noviembre de 2021, encontrándose sus cuerpos completamente carbonizados. Su empleo atenta contra los principios del Derecho Internacional Humanitario al no estar sujetas a principios reconocidos de la guerra, como los de distinción, proporcionalidad, necesidad militar y humanidad, viendo contra quienes fueron empleadas.

El dron turco Bayraktar TB2 está equipado, entre otros sistemas, con misiles aire-aire integrados como el sistema MAM, capaz de alcanzar objetivos a una distancia de hasta 8 km¹¹ o 14 km¹². Además, puede utilizar ojivas reemplazables, incluyendo ojivas de fragmentación, termobáricas o de carga hueca en tándem¹³. Asimismo, se han registrado ataques en varias zonas con munición FT-10/25¹ perpetrados por drones chinos Wing Loong 2. Según imágenes que muestran cuerpos carbonizados tras los ataques en varias zonas, especialmente al norte de Tagzumalt/Agzumal, se observó que cinco buscadores de oro fallecieron en el acto, mientras que otros resultaron gravemente heridos el 1 de noviembre de 2021. Tras examinar y observar las imágenes y los testimonios de los supervivientes, se concluye que se utilizó munición no convencional. Todo indica que Marruecos está utilizando munición termobárica, dado el impacto observado en las víctimas.  El empleo de este tipo de armas generó también su impacto ambiental con la pérdida de ganado, afectando la economía de subsistencia de unos 30.000 saharauis que vivían en las zonas liberadas.

En marzo de 2024 el medio francés L'Humanité, informó que Marruecos operaba con drones Hermes 900 de reconocimiento estratégico y 450 de uso táctico con misiles aire tierra, de tecnología israelí, además de un importante número de munición merodeadora y diversos tipos de drones producidos por la empresa israelí BlueBird, que en la actualidad tiene una planta de montaje de estos ingenios en Marruecos.  A esta flota se agregaron los citados drones de origen chino y turco, como también estadounidense: MQ-9B SeaGuardian. Según el medio francés entre 2021 y 2024 fueron alcanzados por los ataques de drones unos 170 civiles, causando la muerte de 86 personas entre ellos dos niños.  La campaña marroquí con drones expulsó a millares de saharauis de las zonas liberadas a los campos de refugiados de Tinduf, en Argelia. Solo un reducido número de pastores resisten en la zona liberada, manteniendo una precaria actividad pastoril.

 

El fallecido jefe de la Gendarmería saharaui, Adah el-Bendir, al volante de un vehículo. Muerto por un ataque de drones. 

A pesar del silencio que se busca imponer sobre la cuestión saharaui, la ley está del lado del citado pueblo, como surgen de distintas sentencias del Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea, que por cierto los gobiernos europeos se niegan acatar, agregándose la importante doctrina jurídica que surge desde la mismas Naciones Unidas y reconocidos académicos, donde dejan en claro, no solo la ilegalidad de la ocupación, sino sobre el expolio de los recursos naturales, siendo el pueblo saharaui, la única voz autorizada para decidir sobre dicha cuestión.

 

En este panorama tan complejo, Argelia es un actor clave y ha respondido a la “agresión” geopolítica de Rabat en el Sahel, con una hábil maniobra, con la construcción del gasoducto transahariano, que conectará pozos en Nigeria con Europa, donde Argel tiene un papel clave. Níger se incorporó a dicho proyecto, siendo responsable de llevarlo a cabo la empresa estatal argelina Sonatrach. Esta es una victoria geopolítica de los argelinos, dado en el sur, estos se transforman en socios claves para Nigeria y Níger en materia energética y frente a la UE, Argelia se convertirá en un actor clave como proveedor de energía.  Esto de alguna manera neutraliza la propuesta marroquí de un gasoducto que conectara con Nigeria.  Argel se está convirtiendo en un actor de peso no solo en el Magreb sino en el Mediterráneo.  El anuncio por parte del presidente República Argelina, Abdelmadjid Tebboune, en febrero de 2026 del inicio de la operación Argelia anunció ayer el inicio de la operación de la nueva línea ferroviaria Gara Djebilet–Tindouf–Béchar, lo que marca la entrada en funcionamiento de uno de los proyectos de infraestructura e industriales más importantes del país más grande de África. El anuncio coincidió con la llegada a Tinduf, ciudad situada en el extremo suroeste de Argelia, fronteriza con el Sáhara Occidental y Mauritania, del primer tren de pasajeros de la denominada Línea Minera Occidental, hasta ahora utilizada principalmente para pruebas técnicas y operaciones preliminares. Esta es otra maniobra geopolítica para el desarrollo de áreas donde Marruecos pretende expandirse. Este fortalecimiento de Argelia beneficia a los saharauis, quiénes han tenido en sus aliados argelinos un baluarte y principal freno a las pretensiones de imponer una solución neocolonial, como es el proyecto de autonomía marroquí para el Sahara Occidental.

La muerte en combate de Lahbib Mohamed Abdelaziz, recuerda a la comunidad internacional, que existe un conflicto no resuelto, donde intereses occidentales, han bloqueado sistemáticamente el legítimo derecho de los saharauis a decidir su destino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Abogado. Magíster en Defensa Nacional. Corresponsal para The Reporter (Chile) y miembro del Centro de Estudios del Sahara Occidental CESO (Universidad de Santiago de Compostela).

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